El verano llega, sacas la ropa de manga corta y de repente te fijas en ese lunar que siempre estuvo ahí. ¿Ha cambiado? ¿Es más grande? ¿Ese borde era así antes?
Es normal que el sol nos haga más conscientes de nuestra piel. Pero entre el «no es nada» y el «me preocupa» hay un espacio enorme en el que muchas personas se quedan paralizadas sin saber qué hacer.
La buena noticia: la mayoría de los lunares son completamente benignos. La importante: cuando un lunar maligno se detecta a tiempo, las posibilidades de curación superan el 95%. Por eso vale la pena saber qué mirar.
¿Qué es exactamente un lunar?
Los lunares son acumulaciones de células pigmentadas en la piel. Son muy comunes: la mayoría de personas tienen entre 10 y 40 por todo el cuerpo. Aparecen desde la infancia y pueden seguir surgiendo hasta los 40 años.
Por sí solos, no son peligrosos. El problema surge cuando las células que los forman empiezan a comportarse de forma anormal, algo que el sol puede acelerar.
¿Qué tiene que ver el sol?
La radiación ultravioleta daña el ADN de las células de la piel. Ese daño acumulado —especialmente el de las quemaduras en la infancia y la exposición sin protección durante años— es el principal factor de riesgo del melanoma, el tipo de cáncer de piel más grave.
Eso no significa que debas evitar el sol. Significa que debes protegerte y vigilar tu piel activamente, sobre todo en verano.
La regla ABCDE: lo que debes observar en tus lunares
Los dermatólogos usamos una guía sencilla para evaluar lunares. Puedes aplicarla tú mismo en casa:
A — Asimetría: Si divides el lunar en dos mitades, ¿son iguales? Un lunar asimétrico merece atención.
B — Bordes: Los bordes deben ser regulares y definidos. Si son irregulares, dentados o difusos, es una señal de alerta.
C — Color: Un lunar sano suele tener un color uniforme (marrón claro o oscuro). Varios tonos en el mismo lunar —negro, rojizo, azulado— pueden indicar cambios.
D — Diámetro: Los lunares benignos rara vez superan los 6 mm (el tamaño de la goma de un lápiz). Si el tuyo es mayor, consúltalo.
E — Evolución: Cualquier cambio reciente en tamaño, forma, color o textura es la señal más importante de todas. También el picor, el sangrado o la costra sin causa.
¿Cuándo NO debes preocuparte?
- El lunar lleva años igual, sin cambios.
- Es redondo, simétrico y de un solo color.
- No pica, no sangra, no ha crecido.
¿Cuándo SÍ debes consultar?
- Cuando notes cualquier cambio en un lunar que ya tenías.
- Cuando aparezca un lunar nuevo después de los 40 años.
- Cuando un lunar presenta dos o más señales ABCDE.
- Si tienes antecedentes familiares de melanoma.
- Si te has quemado con frecuencia sin protección solar a lo largo de tu vida.
Y también —aunque el lunar parezca normal— si llevas más de un año sin hacerte una revisión dermatológica. La prevención no tiene precio.
¿En qué consiste una revisión de lunares?
La exploración dermatológica de lunares se realiza con un aparato llamado dermatoscopio, que permite ver las capas más profundas de la piel con una precisión que el ojo no puede alcanzar. Es una prueba rápida, indolora y que puede marcar una diferencia enorme. En una sola consulta, el dermatólogo puede evaluar todos tus lunares y darte un diagnóstico claro.
El melanoma es el cáncer de piel más peligroso, pero también uno de los más prevenibles cuando se detecta a tiempo. No se trata de vivir con miedo —se trata de conocer tu piel.
Este verano, además de ponerte protección solar (factor 50, sin excusas), es el mejor momento para hacerte una revisión completa.
En Dermavit Salud contamos con un equipo especializado en dermatología que puede explorar tus lunares con dermatoscopia digital y darte un diagnóstico preciso en una sola consulta.
Pide tu cita antes de que llegue el verano a pleno rendimiento. Tu piel te lo agradecerá.
